domingo, 8 de marzo de 2009

Peñascal y Rekalde: 25 años para resolver.

Han pasado ya más de 25 años desde las inundaciones del 83 y ahora, después de innumerables quejas, numerosas solicitudes para solventarlas y otras tantas inundaciones, se ha tomado la casi obligada determinación de hacer caso de todo ello y tratar de resolver la problemática de los reboses y embalsamientos en estos dos barrios.
Esta zona ha sido siempre considerada como de alto riesgo de inundación debido a la furia con que baja el agua en el corto trayecto que normalmente recorre y que tiene como hilo conductor y recaudador el cauce del Elgera, río que tiene su origen en las faldas del Rastaleku, monte perteneciente al macizo del Pagasarri. Otras aguas, precedentes del Arraitz, y algunas añadidas con origen en la margen contraria de la vaguada, son las que han puesto en jaque, una vez más, a estos dos barrios: por una parte al Peñascal, porque la propia calle principal que recorre el barrio ha sido el cauce que ha permitido que aguas no controladas procedentes de las zonas superiores la hayan utilizado para discurrir por ella, hasta el mismísimo Rekalde, bastantes metros más abajo; y después éste último, porque ha tenido que recoger los caudales procedentes de otros barrios (además de los del Peñascal), como los de Artazu y Uretamendi, así como algunos que bajaron directamente de otras zonas del Arraitz, como los que descendieron del la Fuente del Soldado o del abrevadero junto al portón de entrada a la zona de esparcimiento de este monte.


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El arroyo que baja desde Arraitz adquiere un tamaño considerable apenas han caído unas pocas lluvias.

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Es curioso, porque en algunas de las zonas mencionadas, en estos momentos se están ejecutando obras faraónicas, lo cual ha generado, además de una marea de agua, otra de arena, barro y piedrilla que en algunos casos ha bajado incluso hasta la calle principal. Estas enormes obras de desmontes, transportes de tierras, y hormigonado, contrastan con los sencillos trabajos que se están realizando para tratar de evitar, en el futuro, nuevas inundaciones en Rekalde y Peñascal. Para ello sólo ha habido que perforar en varios sitios el centro de la calle y poner rejillas que dejen caer el agua directamente en el bravo, pero también accesible Elgera. Algunos vecinos echan la culpa a este río, pero el arroyo en cuestión no es culpable de nada, porque ya estaba ahí mucho antes de que cualquier humano apareciese por sus riberas.

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Las primeras rejillas colocadas, y ya funcionando, nada más salir el Elgera de lo que era la entrada a la antigua cantera del Peñascal, donde ahora se ubica la Súper Sur.

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Estas pequeñas obras se podían haber hecho hace muchos años, y con un presupuesto mucho más bajo, porque prisa no había y ahora sí la hay, y van a costar mucho más que si se hicieran a ritmos normales. Ahora hay que trabajar a destajo y eso supone mucha gente en poco tiempo, con materiales que hay que sacar de donde sea al precio que sea. Es el sistema que se siguió en las obras de emergencia de la sequía del 89-90, durante la cual hubo que pagar mucho más de lo previsto por la premura necesaria para solventar la situación. La diferencia está en que adivinar si habrá sequía o no es bastante más difícil que adivinar si habrá o no inundación, cuando ya ha habido varias de ellas a lo largo de los últimos años. Claro que si no se hace nada en el momento necesario, luego cuando hay que hacerlo "por narices", siempre será un caso de "urgencia". Lógico ¿no? La cuestión es que si alguien se guarda en el bolsillo cosas para hacer más tarde, cuando las hace parece que cunde el doble. Algunos comerciantes de Rekalde puede que no estén muy de acuerdo con este método, y sus aseguradoras seguro que tampoco.
Por otro lado, las molestias a la ciudadanía también son mayores cuanto más urgente es la actuación, ya que hay que hacer muchas cosas a la vez en poco tiempo. Los conductores de autobuses no están muy contentos ya que tienen que sortear hasta 6 veces al menos, estrechamientos estresantes (20 metros de autobús), chapas oscilantes, gente que quiere pasar primero sin darse cuenta de la dificultad que entraña conducir estos aparatos, etc. etc. Todo ello, en una calle estrecha ya de por sí, y estresante a la vez, abarrotada de vehículos a uno y otro lado de la calzada, cuando no en doble fila. Añadir además estas obras, todas a la vez, es sencillamente una putada para esta gente, cuando además ha habido tiempo suficiente en los años pasados de haberlo hecho con mejor climatología, y mayor organización.

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Uno de los numerosos sumideros que se están construyendo en el Peñascal, con carácter de "urgencia".

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Ahora el agua no deja de caer, Rekalde ya se ha inundado varias veces en pocos meses y sus habitantes están hartos de recibir en uno y otro papo sin una respuesta creíble por parte de su ayuntamiento que es la institución más cercana a la ciudadanía. Ya se habían hecho algunas actuaciones cuando la cantera del Peñascal cesó en sus ilegales y descontroladas actividades, pero fueron pequeños encauzamientos dentro de estas instalaciones que no solventaban problema alguno. Muy poco gastó ahí el consistorio, porque poco había que hacer. Fue un lavado de cara para que la gente del barrio se callara una temporada.

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Uno de los sumideros en el que se puede ver el agua de escorrentía, el tubo de saneamiento y el agua del propio Elgera a pocos metros de la superficie.


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Nada que ver con lo que se está haciendo ahora. ¿Por qué hasta ahora no le ha dado la real gana a este ayto. solventar la situación? A saber: desidia, abandono del barrio; otras preocupaciones mayores; falta de previsión; confianza de que en Bilbao no iba a llover más como en los viejos tiempos (el Bilbao tropical que dicen); no ha habido inundaciones como las de 83 y lo han ido dejando hasta que se ha inundado de nuevo Rekalde y se ha sublevado la vecindad......... Sea lo que sea, Rekalde y Peñascal están rodeados de macro obras de grandísima envergadura que han ido creciendo sin problemas de material o presupuesto alguno, mientras los propios barrios han quedado a merced de unas cortas pero intensas lluvias, exactamente igual que hace 25 años. A su alrededor, seguro que las obras que se están ejecutando estarán dotadas de todas las medidas de seguridad posibles contra cualquier tipo de evento, inundaciones incluidas.

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Dos de los nuevos sumideros por donde el agua entrará directamente al Elgera.

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A Rekalde ya le dijeron claramente (por omisión), los mismos políticos que ahora tratan de arreglar el entuerto, que no les iba a tocar nada en el reparto de las obras que se estaban ejecutando cerca de su barrio. Cuando se inauguró el millonario túnel del Consorcio entre Rekalde y el Kadagua, ya lo dijeron claramente: es para evitar problemas en Galindo, y el ayto. por su parte aseguró que era también para evitar problemas en el Ensanche. ¿Y Rekalde? ¿Dónde estaba la solución para Rekalde y Peñascal? Señoras y señores, estos barrios no existían hace unos pocos años para aquellos que ahora tratan de solventar un problema que en otros lugares ya esta resuelto hace lustros y lustros. Desde el principio, tanto riesgo de inundación como Rekalde y Peñascal lo tenía La Peña, y hace ya muchos años que se tomaron medidas para evitar los desbordamientos del Nervión-Ibaizabal en este barrio, mientras que en los anteriores ni una sola actuación decente en todo este tiempo. Pero no sólo se ha actuado en la periferia, porque en el centro, sumideros de aguas de lluvia, exactamente iguales que los que se están poniendo ahora en Rekalde y Peñascal, ya se pusieron en Bilbao centro, curiosamente para proteger al Metro (otra obra de primera para los barrios de primera) y ventilarlo. Así pues, en el recorrido del Elgera, algunas rejillas que se ven por ciertas calles van a parar directamente a este arroyo subterráneo o al sistema de bombeo del Metro, pero muchos metros más abajo, que apenas los dos bajo los que discurre este río en el Peñascal o Rekalde. En esos barrios el arroyo está a escasos centímetros bajo las ruedas de los vehículos, lo que ha facilitado enormemente los actuales trabajos para sumir las escorrentías en su interior. Nada que ver con los complejos trabajos que se hicieron en calles como Doctor Areilza, donde hubo que excavar metros y metros hasta llegar al túnel del Metro o al Elgera. Sólo de mirar entre los huecos de las rejillas, da vértigo, tal es la altura que se puede observar, y todavía no ha llegado a ningún sitio el agua que cae por ellas.
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Rejilla en Doctor Areilza por donde cae el agua de lluvia al interior.

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¿Cuántos millones se habrán gastado sólo en estos sistemas? Seguramente muchos más de lo que costarán los sencillos pero seguro que eficaces sumideros que se están instalando desde la cabecera del Peñascal, hasta el comienzo de Rekalde, incluido el ya habitual plus de “urgente”, al que no se le pone pega alguna, cueste lo que cueste, y esté justificado, o no. Porque, esta obra ¿desde cuándo debería haber estado realizada? ¿Está justificada su urgencia, y el consiguiente encarecimiento de la obra, cuando hace años y años que debería estar hecha? Que cada uno y una juzgue lo que crea conveniente.


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La súper sur y algunas de las actuaciones que se están haciendo en cabeza.
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Muchas actuaciones a la vez se están ejecutando (más de diez) pero aún quedan otras por solventar, en lo que al agua de lluvia se refiere. Estos barrios están en laderas de mucha pendiente y el agua baja rápido y se descontrola con igual facilidad, saliéndose de las cunetas y yendo a parar a las carreteras y caminos que luego destrozan y hay que volver a reparar. Hasta ahora sólo se ha trabajado en los niveles más bajos, pero por encima de ellos, las escorrentías sigue haciendo de las suyas, porque no están controladas. Las cunetas hay que cuidarlas y limpiarlas; a los caminos hay que dotarles de caídas adecuadas y cunetas de cierta profundidad, y mantenerlas limpias. Mantenimiento: una palabra que parece desconocer el ayto. bilbaíno cuando de estas cuestiones se refiere. El tiempo dirá si será capaz de conseguir que no se quede en el olvido todo cuanto está realizando ahora, e incluso, si hará todo lo que debe (faltan escorrentías de bajada de Arraitz por la carretera, que ya se están desbordando, así como pequeños arroyos que salen directamente a la carretera en las curvas de Uretamendi, etc., etc), o única y exclusivamente lo imprescindible para ir pasando.


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Carretera de acceso al Arraitz.
Aguas encauzadas en una curva, y desbordadas en la siguiente.

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Algunos problemas más, derivados de las fuertes lluvias, quedan pendientes por resolver. Las escorrentías procedentes de la calle Altube fueron también de gran magnitud, y llegaron directamente a la parte más baja de Rekalde, es decir, donde se formó el pequeño lago que anegó comercios, lonjas y otros locales. Esta calle actúa como cauce de las escorrentías, y sus sumideros no pudieron absorber toda el agua que bajaba de las laderas, y que caían por la antigua cantera. Los encauzamientos superiores de esta cantera se desbordaron y arrastraron también parte de los terrenos sobre los que se sustentan los tubos que abastecen de agua potable a más de la mitad de Bilbao. Ahora el ayto. está inmerso en sujetar estos tubos para que no se vaya abajo todo el chiringuito y se organice otra como la del año pasado, es decir una inundación añadida, pero de agua potable. De momento, mediante hormigón y vigas de hierro están sujetando todo el tinglado, así que se supone que todo quedará resuelto en poco tiempo, aunque sólo es eso; una suposición.

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Obras de asentamiento de los tubos de agua potable que abastecen a la mitad de Bilbao en la curva de la calle Altube
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domingo, 23 de noviembre de 2008

Por fin; qué alegría

Casi dan ganas de llorar de pena, o de miedo, cuando por las noches hay necesidad de pasar por el puente de La Salve, tal es la oscuridad que predomina en él. Contrasta curiosamente lo bien iluminado y la ingente cantidad de pasta que se han gastado para readornarlo por arriba, precisamente por donde no camina nadie, pero al moderno e inútil estilo europeo. Jueguecitos de luces variados entretienen al público que admira desde abajo, la moderna técnica electrónica aplicada a lo inservible.

Mientras tanto, por las aceras del puente, el paseante debe adivinar qué pisará a cada paso que da, porque lo mismo es una hoja caduca que una cagada de perro. De cualquier forma lo mismo da, porque es imposible distinguir el objeto en cuestión, así que haciendo uso de los rayos infrarrojos y de la intuición, lo mejor es esquivar el objeto depositado en el suelo, sea lo que sea.


Así ha estado desde hace años, porque antes de vestirlo de luces, tampoco se veía un carajo, así que después de redecorarlo, la cosa sigue igual. Sin embargo, lo cierto es que unas planchas metálicas sospechosas han aparecido en estas aceras, a distancias más o menos equidistantes, y del suelo salen unos tornillos largos que dan la sensación de que podrían ser para colocar farolas allí donde nunca las hubo. Pues este milagro a algo se deberá, porque protestas haberlas las ha habido y no han hecho ni puñetero caso de ellas, así que pensando mal ¿qué otra cosa podrá haber conmovido a la pléyade municipal? Ah si, se me olvidaba que la inseguridad ciudadana mueve mucho más voto que el simple hecho de que alguien se queje de algo racional, lógico y perfectamente comprobable. Claro, mientras no pase nada la cosa se queda como está, pero ¿y si pasa algo? Hay amigo, entonces se podrían caer muchos votos de las urnas. Porque una cosa es que pises algo asqueroso y otra que te asalten roben o algo peor, y eso si que no está dispuesta la ciudadanía a perdonar. Menos aún, el guiri que sube por las escaleras de la torre de piedra de Huéscar y se encuentra con la cueva de Alí Babá allá arriba, donde fácilmente puede ser asaltado sin siquiera llegar a enterarse de ello. Precisamente la imagen que podría dar el consistorio bilbaíno con semejante posibilidad, más las comentadas anteriormente podrían ser las causas de esta inesperada pero imprescindible iluminación.


Así pues, se deba a lo que sea, parece que por fin, después de tropecientos mil años, el puente de La Salve estará iluminado por sus aceras algo que a más de uno y una le dará tal alegría que quizás incluso le entren ganas de llorar, pero no de miedo o pena, como se decía al principio, sino de la alegría que sentirá cuando por fin pueda ver si lo que tiene delante es una cagada de perro, o cualquier otro objeto cotidiano.




viernes, 18 de abril de 2008

Paseo de los Caños: donde llueve de abajo arriba.


La restauración del Paseo de los Caños, que hace pocos años realizó el Ayto. para recuperar este histórico acceso de las aguas del Nervión y de otras fuentes y captaciones del siglo IXX, quedó bonito y práctico, siempre y cuando no llueva en esta ciudad, algo que por otra parte, suele ser bastante habitual por aquí.

Dos tramos componen la restauración del paseo: una con adoquines y otra con asfalto normalito. El adoquinado muy bonito y el asfaltado algo anodino, aunque práctico también.

Hasta ahora no se ha dicho nada que no sepa todo el que lo recorre habitualmente, pero todo lo dicho sólo sirve en seco, porque cuando llueve, caminar por el tramo adoquinado es un verdadero ejercicio de atención, digno de la más dura prueba para determinar el nivel de la capacidad espaciotemporal de quien camina por él, para no tocar alguno de los adoquines que no se mueven, y por tanto no salpican al viandante. Sí, si, la frase es correcta; para no tocar algunos de adoquines de los que no se mueven, porque de los fijos hay tan pocos que es imposible pasear por un tramo fijo y seguro antes de ser salpicado por al agua.

Docenas de adoquines se mueven bajo el calzado y superar algún tramo sin pisar alguno de ellos se convierte en una prueba de atención al más puro estilo de la que tanto se le parece en el programa Humor Amarillo. ¿Lo habrán copiado del Paseo de Los Caños? No, parece que han sido los técnicos municipales los que han copiado al programa pues éste ya existía cuando se recuperó el paseo.

Bueno, es prácticamente imposible esquivar los adoquines que se mueven ni aún mirando con atención al suelo, y para cuando el andarín se quiere dar cuenta suena el chasquido que le envía el agua hacia el calzado, los calcetines y el bajo del pantalón, poniéndole perdido de esa vil mezcla de agua con barro.

Las puntas del calzado se van empapando poco a poco; los calcetines acusan la mojadura del zapato o zapatilla y el bajo del pantalón comienza a coger peso mientras es adornado con salpicadoras de diversas formas y colores.
Se puede intentar esquivar por aquí y por allá, pero siempre teniendo en cuenta que el barro inglés abunda igualmente, pues este paseo se ha convertido en lugar ideal para que los perritos caguen a gusto, y puede ser que por intentar evitar ese adoquín traicionero del que te acuerdas porque al ir te puso ya de vuelta y media, a la vuelta acabes pisando de lleno la cagadita del chuchín, que es así como muchos dueños y dueñas llaman cariñosamente al típico perrito que normalmente no les hace ni puñetero caso, como animal irracional que es.
Así pues, la recomendación es que en época de lluvias no se pasee por este lugar sin katiuscas o bota de goma similar, porque quien así lo haga y no ande bien, o muy bien, de reflejos y memoria verá cómo es posible que llueva de abajo arriba, cuando lo normal es que lo haga al revés. Si además completa este paseo con el acceso por las escaleras de Zabalbide a Sorkunde, perfectamente diseñadas y construidas para almacenar importantes cantidades de agua procedente de la lluvia, por ejemplo, cuando llegue a su casa ya no tendrá que lavarse los pies porque los tendrá muy, pero muy limpios. A este tramo se le podría cambiar el nombre y ponerle cataratas de Solokoetxe, en lugar de escaleras. Sería lo más adecuado, sobre todo, cuando llueve.

sábado, 23 de febrero de 2008

Los injustiprecios



Bilbao se encuentra sumergida en un cambio radical de su aspecto, lo cual queda patente a nada que nos movamos por cualquiera de sus barrios. Para ello, desde el ayuntamiento se procede a quitar de aquí para poner allí, todo tipo de infraestructuras urbanas que molestan de cara al futuro: desde accesos rodados hasta viviendas. En el primer caso incide más indirecta que directamente a los afectados por los cambios, pero en el segundo, se trata de cambiar casas por casas, cuando en ocasiones representan toda una vida habiendo habitado estas moradas, algo muy difícil de cuantificar con dinero pero que este ayuntamiento resuelve en un dos por tres cambiando metro por metro, aunque el vecino o vecina no se quiera ir de su casa "de toda la vida".

Pero la imagen es la imagen, y Bilbao no se puede permitir tener barrios como Rekalde con viejos edificios que afeen la vista general de sus visitantes ocasionales. Por eso se procede a construir nuevos edificios, que por cierto pagamos entre todos y todas, para luego albergar a los expropiados mientras se levantan nuevas viviendas, o pudiendo incluso quedarse en las ya adjudicadas.

Pero este ayuntamiento, que tan espléndido es para unas cosas, sobre todo cuando barre para sus políticos y directivos, no lo es tanto cuando se trata de favorecer el éxodo obligado pero no deseado, de los más desfavorecidos. Para que las cosas le vayan bien recurre a la expropiación de estas viviendas, aunque sus propietarios no se quieran ir, aplicando un justiprecio. Precisamente este término, cuando lo utiliza el ayuntamiento bilbaíno, se puede decir que es la antítesis de lo que se supone quiere decir, porque no hay nada más injusto que sacar a alguien de su vivienda para trasladarla a otra, nueva, es cierto, sí, pero a la que nadie ha pedido que se le desplace.

Algunos vecinos de Rekalde, por ejemplo, han salido favorecidos, especialmente los más mayores, algunos de los cuales no disponían de ascensor o calefacción, y ahora tienen de todo. Están agradecidos, es cierto, y con razón, pero no son sólo viejillos los viven en esos edificios, y por ello otras personas más jóvenes han peleado día a día contra los injustiprecios para tratar de igualar las condicones en las que estaban, con las que les ofrecía el ayuntamiento. Estas personas se podrían catalogar de "non gratas" entre los técnicos y políticos municipales porque aunque sólo reclaman lo suyo, eso es algo que a la plantilla municipal especializada en expropiar, no gusta.

Comenta una vecina afectada que a ella la llaman la cuentacuentos, porque se publicó una carta suya, en forma de cuento, hablando de todas estas anomalías, algo que no sentó muy bien en el área de Urbanismo municipal regentada por esa edil pequeña, pero parece que algo matona, puesto que en un momento de discusión le dijo a la vecina "que estaba estirando mucho la goma", sólo por reclamar lo que era suyo. Bueno, con estas actitudes ¡cualquiera va a reclamar algo al ayuntamiento! Te sale el concejal de turno, te echa una mirada asesina y te largas echando virutas. Así no hace falta ni munipas a la entrada, llaman al concejal de turno, y despeja la zona rápidamente.

Pero razón no le falta a la vecina, aunque los representantes municipales no lo quieran reconocer: ni sitio para aparcar en una calle que tiene raya amarilla a ambos lados, cuando antes lo tenía; ni parada de bus cercana, a pesar de que hay sitio para ello; ni entradas a los edificios despejadas y a la vista de todos, sino ocultas, y ello teniendo en cuenta que son edificios nuevos. Pero bueno, ¿han ido a mejor o a peor? Esta persona, ante tanta desventaja ha preferido alojarse en una vivienda de segunda mano, a la espera de que se construyan los nuevos edificios, a ver si esta vez aciertan en algunos fallos que han tenido en las actuales. No confiaría yo mucho en ello, pero bueno, quizás por una vez suene la flauta, aunque sea por casualidad.


Lo curioso además es que cuando los trasladan se van de un piso en propiedad que pueden vender cuando quieran, pero luego, cuando firman las nuevas escrituras, recogen un piso protegido que no podrán vender en un mínimo de 20 años. !Vaya cambio! Me empeño hasta la cejas por la casa que me gusta o que puedo comprar con mi sueldo, y luego me dan otra que no quiero, y que además no puedo vender si encuentro otra oportunidad mejor.

Pero donde más se nota el injustiprecio no es en estos cambios piso por piso, porque aquí no hay moneda de cambio, sólo espacio por espacio, sino en las lonjas que se deben expropiar para reedificar. En estos casos sí se paga un injustiprecio en toda regla,porque el ayuntamiento aplica precios irrisorios que no tienen nada que ver con la cruda realidad inmobiliaria. Los precios que se pagan son aproximadamente la mitad de lo que realmente valen en el mercado, y a eso más que injustiprecio habría que llamarle robo,aunque eso sí, siempre cumpliendo con la legalidad vigente. Poco les costaría a los téncicos municipales preguntar cuánto valen las lonjas en esa zona, que inmobiliarias las hay y muchas, y aplicar un precio justo de verdad; sin pasarse pero tampoco sin timar legalmente al expropiado. Pero no, eso supone mucho trabajo y ser justos y eso no va con este ayuntamiento. Así pues, en este caso al menos, llamar justiprecio a lo que se paga para favorecer la buena imagen que en el futuro ofrecerá Bilbao a sus visitantes es un eufemismo en el más estricto sentido de la palabra, y le está costando ciertamente barato al ayuntamiento, pero también muy caro a los afectados por este insolidario cambio de imagen.